Hola amor, como estas chiquita? espero que te hayan gustado tus regalos, sé que no son lo mejor que puedes recibir pero te los di con el corazón,  me gustaría poder hablar más contigo y decirte tantas cosas, pero solo quiero quedarme con tu imagen en mi memoria, siento que hoy sobran las palabras, y prefiero que hablen nuestros corazones.

Mañana voy a un curso es todo el día y el viernes es el examen que te comente, tengo que apurarme a estudiar, no te me vayas a enojar si sientes que te descuido un poquitín, tu sabes que te amo con todo mi ser, prometo compensarte cielo mío, ya me voy a dormir chiquita ando rendido, cuídate mucho amor y descansa dale un besote muy especial a los babies de mi parte si?

I love you.

Mi reino es de los astros misteriosos,
del fuego que susurra en el ocaso.
Se me figura milagrosa seda
el cielo con su azul iluminado.
Conmigo no es mujer sino el ángel.
Su sombra se hace miel en mi costado.
Él busca de mi luz el santo norte
como la brisa cuando en mi te haz desatado.

Mi reino es de las olas de la mar
que nunca al pensamiento dan descanso,
de las estrellas fijas en los ojos 
pues son criaturas de un querer muy manso.
Si llueve es porque lluevo lentamente
y si amanece es porque ya me he aclarado.
Cuando anochece y no aparece el cielo
el viento de mi reino está callado.

Sobre tus hombros inclino mi rostro.
Un lirio aún vivo que encontré, contarte.
Soy el culpable de tus versos y lunares 
donde una llama ciega y viva arde.
El color en las neblina es un verso,
y todo cuanto muere o cuanto nace,
la ropa de la flor, la carne blanca
de las orquídeas que al amor se abren.

Mirarte amada y verme en tu mirada,
besar tu anillo gris, pero abrazarte
como si el tiempo fuera a levantarse.

Qué hermoso es perderse y encontrarse
Por un camino de furiosas hojas
llegaron los vientos de la tarde.
Tú, mi alma sola, y yo, también, tu alma,
se aman ya los últimos amantes.

No tengo más refugio que la escarcha.

Un pájaro se calla en el silencio
de la alegre niña de la tarde.

Mi alma atardecida busca el fuego
de los caminos breves de tu mano
donde quedó la boca de mi beso.

Te quiero, me decías y en mis hombros
venías a abrazarte a mi silencio.

Noche sin astros. Se enredó mi voz
con un silbido, y al hincharse el viento
fue al río, fue a los campos, fue a jardines
de flores miles que se vuelven rostros.

¿Qué luz en mi figura así asombro?
¿Qué rayo ha oscurecido mis cabellos?
dejame ya este amor por ti encendido
porque es duro el invierno y yo te envuelvo.

¿Escuchas cómo caen las estrellas?
La rosa en mi costado dio su aroma,
su ensangrentado aroma que me viste.
Pasaron desde entonces muchas rosas,
y vive aquella flor de mí salida,
de mi pasión en flor, siempre a tu aroma
y siempre rosa y llena ya de miel sedosa.
Hay sólo una paloma migratoria
del sur volviendo en busca de tu norte.
Ya nunca más bandadas tan ruidosas
ni potros desbocados como ráfagas,
ni escarcha titilando entre las rocas,
ni el último silencio en la campana.
Hay sólo una paloma migratoria. 
La dicha se deshace como un beso
y calla la tristeza de mi boca.

Tan sólo los zenzontles para ver
tus ojos y esas suaves manos tuyas
donde mi rostro pongo mientras cae
un pronto atardecer que me desnuda.
Porque este amor es noche sin tu aroma,
y duerme solo y con tu mar se cura:
por eso es que te quiero. Yo acomodo
este querer sin una sola raspadura.

Si un vendaval enreda mis cabellos
enfermo de una fiebre que es locura,
me quema el rostro la melancolía,
y ya me da por muerto un ave oscura.
Estando inmóvil, una solitaria
estrella baja sobre mi cintura.
Y veo la luz de niños muy risueños
que a medianoche arropo con la bruma.

Palomas de repente en mis mejillas.
Un sacudir de alas que regresan,
amarte, a mi presencia y coronadas
y arrancas de mi amor la misma esencia.
Me juras por tus ojos, yo te juro
por amor que a los abismos me dirijo.
Y en brasas se convierten las palabras.
En pájaros de espuma te sumerges
por los nidos que levantas por las olas.
Ámame mujer en esta noche fría.
Mi historia es ésta: un lecho solitario,
un despertarme atado siempre a tu regazo
y una almohada llena de tu rostro.
Mi vida toda es sólo sueño y niebla.
Mas llegas y mi voz ya no es cautiva.
Y aquella que te ama, se asemeja.

Al puro corazón de tu deseo.